Posts Tagged ‘Impotencia ocasional (pero no sexual)’

Determinación

diciembre 11, 2004

Entró en la oficina con paso firme pero sin la dirección clara. Tuvo que doblar cuando llegó frente a un escritorio y luego volverse hacia la izquierda para no chocar con la fotocopiadora. Esto le obligó a dirigirse de nuevo al punto de partida. Así que, con paso firme y un mapa de la oficina en su cabeza, volvió a darse la vuelta y a caminar. Esta vez torció a la derecha y esquivó la mesa, luego tomó un pasillo y frunciendo los puños anduvo decidido hacia los baños. Ahí haría una pausa. La cuestión era aprovechar la monstruosa determinación con que se había levantado aquella mañana para algo útil. No se nos aparece una determinación así en el ánimo todos los días.

Sin dudarlo, abrió la puerta del baño al tiempo que empezaba a alagar la mano para abrir el grifo, cualquier grifo. Se detuvo frente al espejo y empezó a frotarse las manos bajo el agua. Esto le dio unos segundos valiosísimos para reflexionar en qué podía volcar toda la determinación que llevaba encima. Temía que si se distraía por un momento de la sensación ésta le abandonase y le sumiese de nuevo en un mar de dudas. ‘Es como un buen viento en medio del océano’, se decía, ‘hay que desplegar velas y ver dónde nos lleva’.

En ese preciso instante entró en el baño su jefe. Le dio los buenos días a medias y se colocó a sus espaldas, donde se dispuso a orinar. Mientras tanto, él seguía frotándose las manos, pero el grifo se había detenido y durante unos segundos se lavó las manos con aire frío. Era el momento adecuado. Ahora o nunca.

Se dio la vuelta con las manos todavía húmedas, las tendió con calma a los lados y fijó su mirada en la coronilla de su jefe. Éste estaba estirándose la piel del pene para despejar el trayecto de su orina. ‘Señor encargado’, dijo él clavándole la voz en el cuello, ‘Debe usted saber que soy poeta’. Y dicho esto se marchó relajado y satisfecho.

El jefe se quedó un rato sosteniendo su pene fláccido. El mensaje lo había alcanzado en la situación más incómoda y delicada. No pudo maniobrar (no podía girarse, no podía hablar de lado, no podía mirarle a los ojos para humillarle), porque todo el poder que tenía en sus manos se había vaciado en aquel preciso instante.

Sutilmente el agua de la cisterna susurró el final de la esclavitud.