Posts Tagged ‘DISTANCIA’

El video

mayo 3, 2008

Debía funcionar mal aquel trasto, porque cada vez que metía una cinta, la rebobinaba.

– “No es normal”, le dije al dependiente de la cadena de electrodomésticos. “Se supone que cuando metes una cinta el vídeo la pone en marcha hacia adelante”.
– “Es el sistema”, respondió el amable empleado mientras se ocupaba de unos papeles pendientes, “El vídeo rebobina la cinta automáticamente para llevarla al principio”.

Pienso que el dependiente no me podía ayudar. No era que la rebobinara, sino que, literalmente, la ejecutaba hacia atrás. Se empezaba por el final y se acababa viendo el principio de todas las películas que metía. Al principio pensé que la culpa era mía por adquirir un VHS, cuando ya casi no los fabrican. Podía haber comprado un DVD o un MPG o algo con letras de esas. Pero le tenía un cierto cariño a la máquina.

Aquella tarde puse una cinta y la historia contaba:
“Un pensamiento suspendido en el vacío se dio cuenta de que nada lo ataba. Podía ir tan deprisa como él mismo y recorrer miles de millones de intuiciones en nada. También podía ir hacia atrás si lo necesitaba. De manera que se planteó regresar a su origen, al pasado, donde esperaba encontrar la razón de su existencia.
Temía que acaso no hubiera razón alguna, y por un momento, antes de lanzarse al pasado, temió por su vida. ¿Y si le esperaba el vacío al otro lado? ¿Y si se adentraba en la inexistencia? Dejaría de latir como pensamiento y acaso se transformaría en concepto o en nada.

Por eso el pensamiento se encogió de hombros y, antes de adentrarse en el camino sin retorno, mirando hacia atrás se despidió de su futuro.

De pronto se encontró contento, sonriente y optimista. Le había subido la bilirrubina. Una dulce corriente comenzó a arrastrarlo. Se sintió parte de una corriente que danzaba de vuelta a la fuente de su nacimiento. Mientras se deslizaba por meandros y cantinelas, el pensamiento fue sintiendo cada vez más y más fuerza. Se pensaba a sí mismo y se sorprendía mucho de que teniendo un origen tan luminoso hubiera pasado por etapas tan oscuras en su vida.
Pronto el río impetuoso del enamoramiento lo depositó en las faldas de su madre que, como olas, le acariciaban celebrando su regreso al origen: el amor”.

Naturalmente, la película es al revés. El argumento explica la historia de un pensamiento que nace del amor y que la vida aleja de su origen hasta que se olvida de quién es. Termina cuando se encuentra a sí mismo. Me pregunto por qué mi video se comporta de esta manera y lo único que entiendo es que es un electrodoméstico de inteligencia muy avanzada. Porque todos los demás reproductores del mundo creen que las películas empiezan y terminan, nacen y mueren, y todos sostienen que cuando llega el final, todo se acaba.

Pero mi video ha descubierto que la vida es redonda y que, si se parte de un sitio y se sigue recto, no importa en qué dirección, siempre se regresa al mismo punto.

Lea el lector las palabras de este cuento en la dirección que quiera, de dentro afuera, de fuera adentro, de derecha a izquierda o viceversa. Siempre encontrará la misma historia y, en ella, todas las palabras que no han dejado nunca de pertenecerle.

(ejemplo: AMOR Y PENSAMIENTO, DISTANCIA Y ENAMORAMIENTO, DESPEDIDA Y ATRÁS, SIN Y VUELTA, PASADO Y RAZÓN.

El pensamiento procede del amor. El enamoramiento se distancia del amor. Las despedidas siempre se quedan atrás. Sin y vuelta son un bucle donde uno se acaba y el otro empieza de nuevo. El pasado sólo existe en la razón.)

Anuncios

Las dos caras de la luna

enero 16, 2006

Dedicado a Clara Torres

El mar les separaba. El mar les unía. El mar les separaba.
Sentada en la orilla, cada lengua de espuma que se le acercaba le traía un recuerdo y luego se lo llevaba. “Los recuerdos serán efímeros”, pensaba, “pero vienen a todas horas”.
Hubo un tiempo no muy lejano en que los dos estuvieron en la misma orilla. Siempre pensó que el mar les contemplaba dichoso y por eso, cuando tuvieron que separarse, fue el mar quien se encargó de traer y llevar mensajes entre los amantes. El mar era un mesajero caprichoso: tendía su mensaje con insistencia, pero nunca lo entregaba. O bien ella no era capaz de tomarlo con las manos y llevárselo. ¿Por qué las grandes cosas a penas pueden abarcarse? ¿Por qué ni siquiera pueden tocarse?
Estaba segura de que al otro lado del océano él también estaba sentado en una playa y que le mandaba las olas que luego ella le devolvía. Era un diálogo silencioso y lleno de amor, pero solitario.
“Soy como la luna”, se decía cuando permanecía toda la noche en la arena, “A veces está llena, a veces vacía, pero siempre está sola. Si yo no puedo hacerme con el mar, él tampoco podrá alcanzar la luna”.
Como la luna, tenia dos caras. En una era una mujer observadora y no le disgustaba invertir mucho tiempo en pensar las cosas. Tenía una poderosa mente que se hacía todas las preguntas: ¿Qué es verdaderamente lo que nos separa?, pensaba. ¿Es el mar? ¿Es la distancia que hay hasta la luna? ¿O acaso será la pretensión de tocar con las manos lo inalcanzable?
“Cuando abro los ojos veo un mar tan grande que me parece imposible que no nos aparte”.
Pero luego la luna menguaba hasta ser tan delgada como un paréntesis. Y llegaba la noche en que éste caía y dejaba al descubierto un cielo infinito sin límites ni puntos de mira. Entonces emergía su cara oculta, un rostro invisible y silencioso donde no se interponía nada. Sin soñar, sin dormir siquiera, podía sentir que habían pisadas en la luna oculta y que el océano sin vigilancia se abría para permitir el encuentro entre los dos amantes.