El bautista y el profeta

A mi buen amigo Rubén

“Eres profeta”, le dijo Rubén a Marcos nada más conocerlo. “Entonces tú debes ser bautista”,  le respondió en justa deducción.

Las dos cosas eran ciertas, ateniéndose tan solo a la breve conversación, que por la modestia y prudencia de ambos podía haber continuado así:

“El único bautista es la muerte, yo me limito a nombrar, que es lo propio de los hombres”, decía Rubén declinando toda responsabilidad.

“Pues yo, del futuro no conozco nada. Como mucho, soy capaz de ver en el pasado las señales del presente”, reflexionaba Marcos procurando ajustarse a la obviedad.

Con todo, no era extraño bautizarse ni profetizar en aquella catacumba barcelonesa, tejida de mamposteria y arcos medievales camuflada en el sótano de una anodina cocina. Seguramente se habían encontrado en aquel mismo lugar, vidas atrás, quién sabe si conspirando en la sombra contra la sombra o iniciando a los hombres en el secreto arte de la introspección. Acaso entonces también fueran profeta y bautista, aunque de manera más tradicional, y Rubén hubiera sostenido un cuenco de madera lleno de agua y Marcos apuntado una nube en el cielo antes de exclamar: “Parece que va a llover”.

Lo único cierto, eludiendo toda especulación, era que no podía existir profeta sin bautismo ni bautista sin profecía. ¿Para qué bautizar lo que no ha de Ser? ¿y cómo profetizar sin el permiso de la iniciación? Si acaso, y para evitar cualquier suspicacia, determinaron aquella misma noche que sus profesiones eran secretas y funcionaban para ellos y para nadie más.

Como buen bautista, años atrás Rubén había subido a la montaña para ayunar. En su visión había visto tres cosas: un jardín frondoso a sus espaldas, un desierto ardiente al frente y una procesión de turistas con merienda en domingo. Lo que conoció y aprendió entonces sólo lo sabe él. Pero años después le permitió reconocer y despertar a uno de sus mensajeros.

En justa correspondencia, Marcos no tardó en devolverle el favor, y en una moderna versión de escritura sagrada le dejó escrito:

“Todo en la vida es repetición y paradoja. Se repite el agua en el río y se repiten los pasos del caminante. Y, sin embargo, ambos avanzan por la tierra hacia la mar. El río también sube como el hombre a la montaña para volver a nacer y se deja transcurrir luego, en dulce o abrupto descenso, hasta el morir. Los dos ascienden al cielo y vuelta a empezar. De la misma manera, tu ayuno en la montaña no es pasado ni futuro sino eterno presente. Aquí y ahora tus paisajes te rodean: a un lado la abundancia de la tierra; al otro la árida travesía sin agua. Unos pasan de la abundancia a la miseria, otros de la pobreza a la riqueza, y sólo al asceta que se mantiene en justo equilibrio, le es dado el entendimiento de la montaña: de qué lado te inclines depende de tí.

Seis días hicieron falta para la creación, y al séptimo se retiró el creador para dar lugar a los hombres, que desde entonces se llamaron ‘domingueros’ -literalmente, los que llegan para merendar cuando todo está hecho. Sólo el asceta ha sido testigo de los días y las noches, del frío y del calor, del tiempo que necesita el alimento para brotar y de lo rápido que se consume al final.

Todo está dicho y todo está hecho. Es por eso que los bautistas se limitan a repetir la imagen del nacimiento y los profetas a recordar.”

Marcos Col. 1 Lin. 19

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2 comentarios to “El bautista y el profeta”

  1. ruben Says:

    Hola Marcos. Acabo entrar en tu WEB y he leído tu escrito. Es una sensación extraña vernos reflejados en él

    Me alegra que nuestra conversación haya producido tan pronto un ser vivo, ese cuento.

    Me sorprende esa fertilidad porque he vivido en el desierto tanto tiempo. Me empeñaba en sembrar una semilla que brotó y murió en un instante una y otra vez, pero tenía que cerciorarme de que el desierto es el desierto. La llanura y la sequedad han sido mi escuela y hoy y ahora he de volver a la montaña…

    Afortunadamente, en las catacumbas de la Barcelona subterránea he encontrado al profeta Marcos que me está ayudando a mantenerme en el camino.

    No recuerdo haberte dado mi teléfono ni mi Email así que aprovecho para hacerlo ahora. De paso te he escrito la dirección de mi WEB que es precaria y está bastante abandonada debido al agotamiento de tantos años sembrando sin piedad.

    Ahora todo está en construcción, en ese proceso hay un caos con destellos de luz.

    Gracias por ser parte de lo último.

    Un fuerte abrazo.

    Rubén H

  2. LOBO Says:

    Una maravilla de historia

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