Rumores

Oye un rumor como de volcán en su interior. Camina cabizbajo pensando que tiene algo malo y que pronto va a manifestarse. Al mismo tiempo siente el deseo de que el volcán entre en erupción y le deje bien limpias las amígdalas. Se debate entre contenerse y dejarse llevar. Sabe -porque lo aprendió en algún sitio- que los volcanes escupen fuego y se pregunta si su lengua lo resistirá. No hace mucho se quemó la punta con una sopa caliente.
En realidad quiere que suceda. Que se inicie la cuenta atrás y ya no se pueda detener. Quiere desprenderse de esta tensión como lo haría la manzana que se descuelga del árbol.
De pronto entiende que está resistiéndose y que sus dudas son un muro de rocas que detiene el avance del fuego. Cierra los ojos y se concentra en alguna grieta donde colocar una carga de dinamita. Provocarse una explosión tiene que doler, piensa, pero luego todo estará bien.
La mecha es larga y, en el transcurso de su breve vida, le concede tiempo para pensar. Hubiera preferido resolverlo de forma pacífica y amorosa. Hay tantas memorias abruptas y toscas en su interior como rocas en una cordillera. Mejores formas, suaves meandros en vez de esquinas, tallas hermosas contra accidentadas aristas. Tantas veces hubiera preferido ser rio a ser montaña.
En el último momento arranca la mecha e impide la explosión. Ya lo ha hecho otras veces. No cree que sea la mejor solución. El rumor sigue creciendo en dirección al rugido. Y él reza para no ser el obstáculo.

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