Yo amo

No puedo evitarlo. Yo amo. Como si de una maldición se tratara, yo amo. De mí sale el amor como tañidos de campana. No hay ventanas que pueda cerrar, ni válvulas. No tengo forma de detener este río que de mí se vierte. Me ofenden y amo. Me insultan y amo. Me han retorcido el brazo y herido. No observo cambios: amo.

Cuando no amo la hermosa compañía, amo su rostro dañado, su herida, el dolor que carga. Yo amo. Estoy sujeta a un verbo ya conjugado. A veces creo que, por fin, estoy a punto de vaciarme. Ya no más compasión intempestiva, ya no más mejillas después de mejillas. Por instantes creo alcanzar la paz muerta de quien por sí mismo no hace nada: Yo.

Pero sólo es una fugaz ilusión. Vine a este cuento con dos palabras: Yo y Amo. Yo amo. Sólo puedo hacer la lectura más lenta, pero no menos clara. No me dolería si no me doliera. No me cansaría si no me cansara. ¿Cómo se amansa esta entrega? ¿Cómo descansar mi amor exhausto?

No puedo cambiar mis palabras, pero sí puedo moverlas. Amo Yo.

Y, de pronto, todo el río vuelve a la montaña.

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