Líneas de la mano

Había recorrido todos los médicos en busca de arreglo. Algunos cirujanos plásticos le habían hecho muy buenas recomendaciones. Pero ella no quería artificios. Por eso acudió a un mago, a quien ya renombraban, especializado en líneas de la mano.

“Tengo las líneas mal. No hay un futuro correcto”, dijo la joven alargando tanto como podía la palma de la mano hacia el rostro del mago.

“Mmmm. Ya veo”, contestó él.

“Quiero que me las arregle, que me de un futuro bonito. Invéntese uno”, le dijo ella.

Efectivamente, las líneas de sus manos mostraban un árduo camino, con serias indicaciones de que tendría que afrontar penosas pruebas afectivas y muchas opciones de quedarse sola. Las señales de sus nudillos sugerían que tendría problemas de salud en pocos años, y los anillos bajo el pulgar hablaban de conflicto con la familia.

“Me duelen las manos”, insistió ella ante el silencio del mago, “Y me pesan!”.

El mago la hizo sentar frente a él . Le tomó la mano derecha y comenzó a leerla.

Cuando terminó, le dijo: “Niña, las líneas de la mano no pueden modificarse a nuestro gusto. Pero pueden cortarse”.

¿Cortarse?, preguntó ella.

Tus manos son hilos de un camino que tienes por recorrer. Son tu guía. Tú las trazaste antes de nacer y ahora son un mapa de tu inconsciente para reconocer el sendero. Es un ‘código’ de ruta o, en menos palabras, una chuleta.

Sin embargo, existe un conjuro poderoso que permite cortarlas como si fueran de seda. Liberadas de su sujección, las líneas de la mano se adaptan a tu mente, creando y destruyendo mapas en función de tu subconsciente presente. Con entrenamiento, una persona con las líneas de la mano cortadas podría, literalmente, diseñar su futuro.

Pero también existen riesgos. Con las líneas libres no hay brújula. No hay mapa. Cuidado si te vuelves oscuro. Si el miedo se acerca no vas a tener veleta. Las líneas de tus manos comenzarán a ablandarse. Si un día te sientes perdido tu futuro será negro y ninguna marca de tu destino podrá llevarte a salvo.

“Entonces niña”, preguntó el mago, “¿Quieres que te libere las líneas de la mano?”

(Liviana puede contestar aquí, lo que quiera, y quizá continúe el cuento).

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