Archive for 21 noviembre 2007

La rueda del sueño

noviembre 21, 2007

El sueño se parece en algo a la rueda de la fortuna. Tiene ese clic. Es el clic que se me escapó toda la vida. Cuando era niño quería capturar el momento exacto en que pasaba de la vigilia al sueño. La consecuencia: o bien me dormía tardísimo, agotado ya de tanta vigilancia, o bien me despertaba de pronto y decía ¡zas! ¡ya se me ha vuelto a escapar!

Jugando jugando, un día crucé cierto umbral y me vi despierto ‘al otro lado’. Sí, tuve lo que se llamaría un ‘sueño lúcido’. No me volvió a ocurrir -al menos no fluidamente-, pero por ese capítulo ahora sé que no hay más que un ‘clic’ entre este mundo y el otro.

Es curioso, pero con los ciclos pasa lo mismo. Entramos en un ciclo de bajada, nos lleva hasta el fondo. Pero si permanecemos serenos, todo pasa. Y la rueda asciende de nuevo. Cuando por fin lo aceptas se ralentiza el tiempo y puedes ver con más detenimiento las razones por las que te sujetas a la rueda.

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100 palabras para Jordi Cebrián

noviembre 20, 2007

Tuve el gusto de conocer a Jordi Cebrián, el autor de cuentos de Cienpalabras, y de comprarle su libro “500 cuentos de 100 palabras”. Me dejó Jordi una impresión duradera, pues es una persona de energía y con mucha habla. Sus cuentos son bellos e ingeniosos. Tienen una lógica mágica que, cuento a cuento, se va haciendo más particular. Además es un escritor aplicado y admiro su enorme producción. Es lo más parecido a mi proyecto que he visto y desde aquí quiero darle las gracias por el libro y por su literatura. ¡ Me encanta como escribes Jordi !

Una deuda con la escritura

noviembre 19, 2007

Y lo pienso y es verdad. Tengo una importante deuda con la escritura. Se me ha dado un don para escribir y no me lo estoy currando. Sigo viviendo en el limbo. A ver si me esfuerzo. Pidemeuncuento es un comienzo.

Pero entonces tengo que implicarme de verdad. Nada de medias tintas.

– Es fácil de decir !

– ¿Quién eres?

– Tu YO acojonado.

– Anda, no jodas.

– (Eso suelen decirme) …

– ¿Y qué quieres? ¿No ves que tenemos trabajo?

– Pues yo no pienso ceder hasta que no se me haga caso ! Exijo un respeto ! Como acojonado llevo todo el estrés de la relación, ¿de acuerdo? Tengo el cuerpo maltrecho de tener miedo.

– Pensé que lo habías superado. Como ahora eres tan echao palante…

– Eso nunca se supera, amigo. Lo único que quiere el miedo es ir más lento. Más tranquilito. Que tú lo agrandas todo en seguida y al cabo de un rato los molinos son gigantes de viento.

– Si, mi entusiasmo me precede, luego no hay quien le alcance.

– Es que como corre el cabrón. Se diría que quiere escapar de nosotros.

– Cómo corre, sí.

– Ala, que corra, que corra. Déjalo correr. ¿No lo tendrás muy amaestrado?

– Sí. Sabe volver.

– Vaya.

[ambos se quedan mirando en la lejanía mientras el escenario va tiñéndose con la luz del atardecer y… cae el telón]

Uno solo

noviembre 19, 2007

Al final siempre hay un momento en que vas a estar solo. Solo para hacer lo importante, lo que nadie puede hacer por tí.

Por ejemplo, esta web es mi barquichuela en internet. Si dejo que se ahogue, dejaré de remar. Estaré más quieto que si viajara. Con ella voy soltando palabras en este mar. Zzzzaaaassssss, zzzzzaaassssaasssssss, zssssssszssssssszss…

El caso es que si no la alimento yo no lo va a hacer nadie. Y eso pasa igual con todo lo demás. Nadie te va a dar el trabajo que necesitas, nadie te va a sacar las castañas del fuego de nada. Suena desesperado, pero mira no. Es un alivio. Porque te dejas caer y entiendes que todo opera con una ley muy simple: será lo que quieras que sea.

Esa es la magia, pero también la jodida responsabilidad. Porque digamos que te vienen las instrucciones del IKEA, pero no la máquina montada. Tienes que currártelo ! Hacer y deshacer cien veces, cambiarla de sitio, pintarla, joer !

Y si dejas de currar, todo se desmorona, porque es tan cuántico que no dura.

Bueno, con esto espero estar declarándome (o declarando a alguien que lea esto) en el barco todavía. Y ahora que he retomado el hilo voy a hacer el esfuerzo de no soltarlo. Más que nada por adquirir un pequeño compromiso, que parece que odio los compromisos. Algo me oprime cuando pienso en compromiso. Un día tiene que caer un autocuento.

Las estadísticas de Pidemeuncuento

noviembre 19, 2007

Desde que tengo instalado un pluguin de estadísticas para wordpress, no dejo de mirarlas cada día. Me encantan las montañitas que hace, el paisaje que dibuja.

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Me encanta cuando veo un articulo que tiene 1 visita. Pienso, ¿quién será el tipo? De alguna manera, personalizas más la gente que te visita. Son todavía más personas y menos números.

En una web con miles de visitas el webmaster contará los cientos, pero no las decenas. No te digo las unidades.

Yo prefiero, más que una autopista, una callejuela. Por ahí puedo ver quién viene, quién pasa y quién se queda. No hay mucho ruido, está oscuro… je je no corro ningún riesgo.

Aquí reparo en los detalles. Por ejemplo, este es el gráfico de las visitas de mi último cuento publicado “Líneas de la mano”.

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Podemos apreciar que pasaron dos días antes de que nadie leyera el cuento y que, por fin, el día 16, una persona (no sabemos si macho o hembra) pinchó sobre el enlace y se desplegó en su pantalla el cuento. A lo mejor esa persona era china y no entendía nada, o bien buscaba otra cosa. Pero también es posible que se leyera el cuento y como soy optimista voy a contar uno.

Así pues durante 3 días una persona nueva leía el cuento cada día. Hasta que, de pronto, el camino comenzó a inclinarse. ¿Acaso aquellas miguitas de pan llevaban a alguna parte? Etcétera…

Son divertidas las estadísticas, no?

Unas palabras

noviembre 17, 2007

Sí. La escritura y yo tenemos una relación particular. Quizá debería escribir sobre ella. Sería una hermosa manera de devolverle justo lo que me da. Y un poco más. Se lleva todo mi amor.

Sé que suena cursi, pero algún día habrá que reivindicar el amor como la mayor de las fuerzas atómicas de este planeta. En fin, espero estar preparado por si las moscas.

Dicho esto, creo que mi verdadera carencia es la vagancia -debería decir riqueza-. Me da pereza escribir, y ocuparme con cuidado de cosas de mi vida de paso.

Por eso hacer el ejercicio de pasarme por mi blog y soltar unas palabras, medio meditadas medio improvisadas, me anima. Y es útil. A ver si me habitúo. Da gustito oye.

Líneas de la mano

noviembre 14, 2007

Había recorrido todos los médicos en busca de arreglo. Algunos cirujanos plásticos le habían hecho muy buenas recomendaciones. Pero ella no quería artificios. Por eso acudió a un mago, a quien ya renombraban, especializado en líneas de la mano.

“Tengo las líneas mal. No hay un futuro correcto”, dijo la joven alargando tanto como podía la palma de la mano hacia el rostro del mago.

“Mmmm. Ya veo”, contestó él.

“Quiero que me las arregle, que me de un futuro bonito. Invéntese uno”, le dijo ella.

Efectivamente, las líneas de sus manos mostraban un árduo camino, con serias indicaciones de que tendría que afrontar penosas pruebas afectivas y muchas opciones de quedarse sola. Las señales de sus nudillos sugerían que tendría problemas de salud en pocos años, y los anillos bajo el pulgar hablaban de conflicto con la familia.

“Me duelen las manos”, insistió ella ante el silencio del mago, “Y me pesan!”.

El mago la hizo sentar frente a él . Le tomó la mano derecha y comenzó a leerla.

Cuando terminó, le dijo: “Niña, las líneas de la mano no pueden modificarse a nuestro gusto. Pero pueden cortarse”.

¿Cortarse?, preguntó ella.

Tus manos son hilos de un camino que tienes por recorrer. Son tu guía. Tú las trazaste antes de nacer y ahora son un mapa de tu inconsciente para reconocer el sendero. Es un ‘código’ de ruta o, en menos palabras, una chuleta.

Sin embargo, existe un conjuro poderoso que permite cortarlas como si fueran de seda. Liberadas de su sujección, las líneas de la mano se adaptan a tu mente, creando y destruyendo mapas en función de tu subconsciente presente. Con entrenamiento, una persona con las líneas de la mano cortadas podría, literalmente, diseñar su futuro.

Pero también existen riesgos. Con las líneas libres no hay brújula. No hay mapa. Cuidado si te vuelves oscuro. Si el miedo se acerca no vas a tener veleta. Las líneas de tus manos comenzarán a ablandarse. Si un día te sientes perdido tu futuro será negro y ninguna marca de tu destino podrá llevarte a salvo.

“Entonces niña”, preguntó el mago, “¿Quieres que te libere las líneas de la mano?”

(Liviana puede contestar aquí, lo que quiera, y quizá continúe el cuento).

Un par de cuentos más a la espalda

noviembre 13, 2007

Estaba a punto de abandonar Pidemeuncuento -como casi todo lo que empiezo- y ya he escrito 3 cuentos nuevos. Si he hecho eso, quizá pueda escribir alguno más. Y luego otro, y así ir arrastrándome agónicamente con la imprecisa fe de que remontará el vuelo. Pero eso no es arrojar la toalla. Eso es arrastrarla sin soltarla.

Me pasa eso. Que me cuesta soltar las cosas. Y no sé si es porque no quiero que se vayan o porque lo deseo demasiado y no quiero que lo parezca.  Con Pidemeuncuento vivo días de cierta agonía. Fue una maravilla al principio, cumplió una misión conmigo. Pero ha terminado la danza de amor y ha llegado la hora del compromiso. COMPROMISO. Tengo un cuento que se titula así (en mi libro Arquitecturas Mínimas). Es la palabra del año. Comprometerse con pidemeuncuento me da miedo. Por un lado porque no quiero que me esclavice, ni que me condicione a escribir, ni escribirle a todo el mundo. Ni decirlo.

Por otro lado le veo un enorme potencial. Es una página mágica. Que bien cuidada, como una planta, puede ser una verdadera maravilla en internet. Una perla. Además me lleva por el camino de la escritura. Vaya, no lo había pensado. De hecho es mi autopista de la escritura. Sin Pidemeuncuento no estaría escribiendo nada.

En fin. Que esto del compromiso requiere tiempo, pero sólo para leer la lista de lo que tiene de bueno.

Usos y abusos de mi diario

noviembre 10, 2007

Estaba pensando que escribir un diario es importante. Y más si es público y visible. No va mal un pelo de exhibicionismo.

La cuestión es que en este blog voy contando mi vida tal y como transcurre, sin saber lo que pasará mañana. Es, nunca mejor dicho, un vivo retrato de mí mismo. Así, si algún día alcanzo la fama, tendremos mucho camino ganado para los biógrafos. Si, por el contrario, me pierdo en el olvido, por lo menos habré tenido un cronista.

Lo cual me lleva inmediatamente a un interrogante: ¿un cronista? ¿Y ese deseo de perdurar? Me da vergüenza admitirlo, pero acabo de darme cuenta que de alguna manera quiero perdurar. Yo no sé por qué. Ni si me causará dolor pasar sin más.

La verdad es que no es algo que yo persiga, simplemente una anécdota. Tiene más bien que ver con alguno de mis cuentos de ‘Arquitecturas Mínimas’.

Por eso que debería dedicarle más tiempo a mi diario. No sea que entre año y año, haya píxeles de mi futuro que queden en blanco.

CHIRIVITAS

noviembre 10, 2007

A la niña los ojos le hacían chirivitas. Como fueguitos artificiales, sus pupilas emanaban chispas, estrellas fugaces y, si lo que estaba mirando le gustaba, volcanes de colores ardientes.

Cuando lloraba caían ríos de centellas por sus mejillas que le quemaban las camisas.

Y si se enfadaba, uy, si la niña chillaba o se enfurruñaba las chirivitas se convertían en rayos y relámpagos y espadas de damocles que bien podían reducir el objeto de su enfado a cenizas.

Sus papás procuraban tener a la niña contenta, pero sabían que algún día tendrían que decirle que su mirada podía matar.

La niña tenía una hermana mayor que, en secreto, había pasado por la misma experiencia. También de niña había tenido chirivitas en los ojos e incluso petardos. Pero tenía un secreto remedio para controlar esa clase de descargas: los cuentos de hadas.

Cada noche le leía a la niña un cuento de hadas, de seres mágicos que pasaban peligros y al final se salvaban. Y por un tiempo en sus ojos brotaban, en vez de chirivitas, lágrimas.