La alfombra voladora

Dedicado a Mile

(En caravana parece que viajaban tus palabras)

De miedo estaba la alfombra hecha. Tenía la textura de la lana, era agradable al tacto con los pies, pero temblaba toda. Una no podía estar simplemente en ella sentada y esperar que no pasara nada. Al contrario, ¡todo pasaba! Una casa volando, otro árbol que la roza, y todo ese viento!

De terror estaba hecha la alfombra voladora. Si se caía, se mataba. Además que no había cómo pararla. No conocía su idioma. Como era mora! Inshaalá se pare el miedo!
Aunque en verdad no sabía que le daba más miedo: si volar en la alfombra sin dominarla o volver a la tierra. Aunque la alfombra a ras de suelo y despacio bajara, a ella le daría la sensación de que se hubiera estrellado. Imagínate, renunciar a los baños de nubes, a las carreras con gaviotas, a trascender las tormentas y a miles de cosas que se hacen sobre una alfombra voladora. Así que era dar un paso y acabar con los deseos más profundos. Porque, ¿y si la alfombra se iba volando? ¿y si no volvía? ¿Quién le aseguraba que era de ella? Al fin y al cabo se la había encontrado un día y en unos segundos ya estaba volando. A lo mejor pertenecía a alguien y ella se la había llevado por error. Quizá debería devolverla.

Se dejó caer de culo sobre la alfombra mientras sobrevolaba la riviera maya. El viento era frío a aquella altura y estaba atravesando una nube húmeda. Bajo sus manos la piel de la alfombra se enervaba, temblaba como un haz de neutrones sometidos a una presión extrema. Los sentía chillar bajo su piel. La alfombra estaba histérica de miedo. Quizá ella también temía por su destino. Quién sabe de dónde habría venido. Quizá perteneció a alguien que no hizo buen uso de ella, quizá estaba mejor ahora. Quizá simplemente se muera si no transporta a nadie.
Pero un día tuvo que decidirse y volver a tierra. La alfombra voladora pareció comprender lo que pasaba y no se resistió en absoluto. Envueltas en un triste silencio descendieron lentamente hasta el suelo. Estaban a un centímetro de separarse. Entonces la alfombra se posó en tierra y en cuanto la tocó estalló en un ramillete de perlas blancas que volaron por todas partes. Algunas se metieron en las plantas, otras se fueron hacia los animales, otra se metió en una escoba y en los vendavales, en los pensamientos alegres, en algunos oscuros… No podía creérselo, había visto desaparecer a la alfombra mágica, volatilizarse! De pronto le embargó la pena, era como haberla visto morir.

Comenzó a caminar descalza sobre el camino de tierra. Ahora todo en su vida iría mucho más despacio. Y ya no sería mágico.

Cuán equivocada estaba: a la vuelta de un pino se le apareció un duende, y junto a las peñas le saludaron varias hadas; antes de llegar al pueblo tuvo un encuentro con trasgos y se tuvo que desacer de varios ogros. Muchos peligros tuvo que enfrentar a partir de aquel día, pero por suerte siempre encontraría algún objeto mágico que la salvara. Un día en una escoba salía volando, otro recuperaba sus fuerzas con una planta, otro día hablaba con el río para que no la ahogara, y en una ocasión cruzó el desierto sana y salva.

Y es que por doquiera que pisaba podía encontrar las hebras de su querida alfombra mágica, que hacía volar todo cuanto tocaba.

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Una respuesta to “La alfombra voladora”

  1. MILE Says:

    Mi querido niño lindo… he quedado mas que extasiada con lo que has escrito….
    No puedo negarte que justo así es como a veces me siento, y a pesar de a veces sentir
    que la vida es difícil, siempre de los siempres hay algo mágico al rededor, algo mágico y bello como TU.
    Te Quiero un chingo.

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