La mosquetera

Zas zas, la mosquetera trazaba el camino de las estrellas sagradas con su espada. Tres puntos unidos por un cuarto, en un trayecto perfecto que tanto puede recorrerse hacia arriba, como hacia abajo.
Era tan perfecto que la mosquetera siempre recurría a las mismas reglas. Zas arriba, Zas abajo, Zas a la izquierda y a la derecha y Zas al centro. Pero la punta de su espada era inquieta. A veces se le escapaba un milímetro más de la cuenta. Nadie lo notaba, pero el acabado no era perfecto y ella lo sabía.
Sin embargo un día le pareció que algo como un destello había brillado, y que el dibujo que la rebelde punta de su espada había dibujado era sencillamente hermoso. Y no alteraba en nada los efectos de su espada. Aunque en vez de hacer ZAS hiciera SAS el resultado era el mismo: el enemigo marcado. La misión cumplida.
A partir de entonces, no supo cómo, pero manejar la espada se le convirtió en un arte.

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