El martillo

Dedicado a Marisol

El martillo golpeaba con fuerza a un clavo haciendo saltar las chispas.

“Martillo”, decía el clavo, “Cada vez estoy más hundido y tu no desistes. Diría que quieres verme desaparecer. Martillo, dime, ¿Por qué me estás golpeando?

Entonces el martillo daba una sacudida en falso para golpear a su lado y aprovechaba para decirle, susurrado: “No me lo pregunto porque dependo de una mano, y mientras no aparezca el dedo de esa mano entre tú y yo, no daré mi último martillazo”.

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