Archive for 17 noviembre 2005

Inventacuentos en Daguiri (Barcelona)

noviembre 17, 2005

El pasado jueves, 10 de noviembre, actué en el Daguiri. Había mucho público, pero no todos eran para mí. Más bien, un reducido grupo de espectadores se pusieron en semicírculo alrededor mío. Sólo tiene mérito uno que no conocía. Sin embargo, durante el espectáculo, que fue casi bilingüe español/inglés, pude captar la atención y el interés de personas itinerantes.
Me satisface decir que me sentí bien, muy bien. A diferencia de otras ocasiones, en las que tenía miedo de salir, ahora tenía ganas, muchas ganas. Quería divertirme, pasarlo bien, inventar… Y eso hice ! Inventé varias historias (con final !!): un gato que por inmóvil se convierte en puercoespín, un cuento sobre la palabra YA que se convierte en AY, otro sobre un peine que se me cuela por la oreja y mesa mi cerebro, otro sobre el matrimonio perfecto entre el cigarrillo y el mechero, si no fuera por el amante (el fumador) y tiré algunas cartas de tarot de forma novelada.
Bueno, sucedieron cosas, me vi suelto, aunque había poca atención y no tenía micro. Me vi limitado, pero me ayudó a superar la circunstancia de salir a un escenario y que nadie te escuche. ¡Mientras actúo me da igual !
Quiero dar las gracias a Gatao y el Daguiri por la confianza prestada y por invitarme. Esto sólo ha sido el arranque del Inventacuentos… Ahora viene el despegue !!

Cuento del pirata

noviembre 15, 2005

Por más que lo intentaba, el pirata no podía nunca regresar.
Ni atracar en cualquier puerto, ni que fuera al azar.
Vivía de los barcos lujosos
que compartían generosos
su mercancía:
agua, comida o hermosa pedrería.

Ahora lleno, ahora vacío
su barco era como la mar
apenas llegaba a una orilla
ya se tenía que retirar.

Sus puertos eran, de momento,
las grandes ballenas, junto a las que se paraba a meditar;
eran los arrecifes de corales que bajaba a explorar;
eran los terrores de la noche y la tempestad;
era la dulce caricia de una sirena al pasar;

“¿Qué buscas en tierra”, le preguntaba el grumete al capitán
“Que no encuentres en la mar?”

De la mar yo conozco cuanto se puede averiguar
Tanto las olas que brotan de día
como los secretos de ultramar.
Nací en una playa,
donde la aprendí a amar
y ahora que soy pirata
es mi campo de arar.

Mar podría ser mi nombre
si no tuviera compostura que guardar.

Pero ay la tierra !,
por la tierra, quien más quien menos,
todos saben caminar,
en la tierra, quien más quien menos,
todos saben estar
Y yo no sé de ella,
más que la forma que el horizonte me quiere mostrar.
Envidio a las gaviotas, que ambos mundos pueden gozar”.

El capitán teme que su barco embarranque
cuando llegue la hora de zarpar,
que no alcance las botas y no se pueda marchar,
que confunda la hora y nunca la vuelva a encontrar,
el capitán teme que pisar la tierra le arranque del mar.

Juegos de un mar de la China

noviembre 15, 2005

Texto del remitente:

Bue… creo estar hablando siempre de lo mismo. Nombrando las mismas palabras…,De alegría…,De él,De cosas que dicen mucho….,De esas pocas certezas… que solo el cuerpo sabe…,De los pasos…,De lo incierto.,De lo inmenso e innombrable .,De ojos y miradas….,Diciendo siempre lo mismo en distintas oraciones….,Escribiendo lo mismo diciendo distintas cosas….,Otras veces de colores…,Siempre maravillada… siempre silencio,Y de lo que no dice nada…,Y hablo de todos porque hablo de mí.,Y por eso tanto digo sensación…

Hay un mar de la China que tiene una costumbre secreta. Al principio de las temporadas le gusta, sin que nadie lo sepa, abandonar su lugar.
Se desliza transparente confundiéndose con la arena y la sal. Sale de las profundidades y de la superficie: el mar. El mar se llega hasta la tierra y busca un lugar donde el río venga a parar.
Lo toma como camino y se echa a andar. Ni lavanderas ni pescadores ni niños bañados lo saben diferenciar. El mar pasea desnudo, sinuoso, sensual. Río arriba el mar se reparte por igual.
Se divide en las bifurcaciones, se desborda en los márgenes, se filtra en la tierra y se eleva por los aires, separándose en pequeños grupos, para saciar a un molino de madera.
Luego al mar le gusta asomar en los arrozales, bañarse en el té de menta, . Pero lo que más le gusta al mar es la hora de regresar: se tira por las cascadas, gotea en los grifos, se vierte por casualidad. Poco a poco todas las gotas, regresan a su lugar.
Y el mar vuelve a trabajar, a ajustar las corrientes, a enfriar el fondo del mar, a decorar barcos hundidos y a conservarse en sal.