Archive for 28 junio 2005

Matizando

junio 28, 2005

Quería matizar lo del fracaso. Tiendo a los excesos. Es tan excesivo lanzarse al ruedo sin la menor preparación como juzgar la hora y media que estuve como fracaso. Sólo fue complicado. En muchas ocasiones podía haber roto la dinámica y haber sido más auténtico. De todo se aprende. Ya no me siento fracasado. Creo que era una experiencia que necesitaba y ahora que ya le he vivido (me sumergí en ella) ya no tiene sentido insistir en ella. En realidad no creo en el fracaso, sólo en el aprendizaje.

Poco a poco voy soltándome y yo creo que en mis próximas sesiones volaré como había soñado.

El fracaso

junio 25, 2005

El fracaso. Por fin topé con la palabra y, de paso, con la experiencia. Fracaso. Me sentí tan impotente al ver que nada iba como yo quería. Y en vez de soltarme (como una famosa naranja que de pronto voló durante la sesión) quise aguantar en el filo de la navaja, sufriendo dicho sea de paso. Recuerdo que entre las cartas del tarot salió el colgado. Lejos de mí, en la última mesa, una chica tenía esa carta. Me la mostró y la relacionó conmigo porque el azar quiso. La otra carta relacionada con la mía (La Estrella), era el Papa. Ahora veo dos mensajes claros. Por un lado, mi propio cuelgue sufriente. Era como estar naciendo. Doloroso. Primera vez en muchas cosas. La otra carta, en cambio, me invitaba secretamente a trascender la situación, a ir más allá de la materia. Pero instalado como estaba en mi cabeza y en mi ansia por no caerme, ignoré estas señales y muchas otras.

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Creo que era mi ego el que estaba luchando. En cierto modo se había agenciado el protagonismo. De pronto el Inventacuentos tenía que ser un espectáculo donde yo mostrara tremendas y seductoras habilidades. Lo convertí en un circo. Era un puto cuento. Sin embargo, he aquí la ironía: el deseo de hacer eso no provenía del ego, ni de la mente. Provenía y todavía proviene del corazón.

Un cuento termina cuando entra estrepitosamente en contacto con la realidad. Mi cuento de ‘Inventacuentos’ chocó con la realidad del fracaso (bien hay que decir que me exigí una meta muy alta). Supongo que así es como vivo yo la realidad: como algo duro que hay que ablandar contándose cuentos. Y ahí radica el problema: realidad y ficción no se quieren dar la mano fácilmente. Yo no quiero aislarme del mundo construyendo un fantasioso punto de vista dentro del cual siempre hay salidas. Pero tampoco quiero entregarme a una vida sin magia, sin milagros, sin el ‘todo se puede’. Yo me he esforzado por no creer en los límites. Pero ayer choqué con uno. Me di un golpe y me he caído al suelo. Ahora bien, siento que el límite también ha cedido un poco.

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Bueno, ya me levanto. Lo que pasa es que me levanto en una nueva realidad. En ella entiendo que no es que acabara un cuento, sino que se rompió un huevo. El verdadero cuento empieza cuando el protagonista se sale del cuento. Todas las imágenes estaban ayer allí. Sólo tenía que utilizarlas. Habría bajado del escenario, me habría metido entre el público, y hubiera contado el cuento de lo que estaba pasando: de un tipo derrotado sobre el escenario, que antes se quedó clavado, y antes divagó mucho rato, y antes leyó una palabra y antes recibió el aplauso del público dándole la bienvenida. Era una historia bonita: este artista hacía su número justo al revés. En vez de levantarse y que le aplaudieran, se agachaba.

Podría haber contado que a este artista más que el éxito le interesaba otra cosa: deshacerse de todo lo que sobra. Por eso desandaba su camino al éxito y provocaba lo opuesto dentro de sí. Yo he desandado un camino que no me interesa. Ahora quiero retomar el que sí me interesa.

¿Por qué inventé esto? Porque tengo mucha magia que regalar, pero no sé cómo hacerlo. Mi magia no consiste en combinar aleatoriamente palabras. Mi magia es que entro con facilidad en los universos ajenos. Y como en cierto modo soy jardinero, de cada universo me gusta mostrar lo que veo interesante o hermoso. Pero el público no me conoce, tampoco va a dejarme entrar sin saber lo que hago. Y al final todo se queda en una meliflua demostración de agilidad mental / discursiva donde o estoy hablando de mí o no estoy hablando de nada.

Me gusta hacer regalos. Me gusta tomar una palabra importante para alguien y convertirla en un poema. Pero con ‘Calamar’ o ‘Naranjito’, esto se vuelve ridículo. No es culpa del público. Yo no sé pedir lo que necesito. Con todo, cada cual puede escribir las palabras que quiera. Soy yo que tiene que seleccionarlas.

Todavía no sé cómo quiero que sea esto, pero quiero que sea. Solo llevo dos sesiones y ya he conocido la sensación de fracaso. Con suerte se ha roto mi espectáculo y empieza el verdadero Marcos. Ese si que vale la pena, porque no finge ni interpreta. Se limita a ser y de ahí puede surgir la magia.

Como soy celoso con la calidad de mi escritura, voy a organizar un último Inventacuentos, en algún lugar gratuito. Es el final de la historia (quizá se convierta en otra cosa). La tercera sesión cierra las otras dos y ya tenemos un cuento, esta vez sí, con un final perfecto.

Primer inventacuentos

junio 6, 2005

El miércoles 15 de junio llevé a cabo mi primer espectáculo de Inventacuentos en solitario. La duración fue de una hora en el Bar Elèctric, en el barrio barcelonés de Gràcia, que cuenta con un pequeño café-teatro.

La experiencia fue muy rica para mí y para muchos de los asistentes. A algunos no les gustó tanto y me lo hicieron saber, pero otros sí encontraron que esto tiene futuro. La primera media hora creo que fue redonda. Teniendo en cuenta que era la primera vez que lo hacía y que se trataba de un número 100% improvisado, el hecho de lograr 2 cuentos completos me parece un éxito. La siguiente media hora quise jugar con las cartas del tarot y pretendí una mayor participación del público, pero acabé divagando sin rumbo fijo. No pasa nada, me digo, mejor no lo podía hacer en esta fase experimental.

Sin embargo quiero destacar(me) que la improvisación funciona, y sólo necesito más tiempo para respirar en medio del número. Mi cabeza iba a cien y no me detenía ni a reflexionar.

El primer cuento, ‘Chocolate’, me llevó por buen camino hasta el final, en que solicité al público una solución para el cuento. Tal y como está reflejado en el cuento que publico en la pagina, un espectador me dio un final que me pareció cojonudo.

El segundo cuento era con dos palabras (Grieta y Madriguera) y creo, esta vez sí, que salió redondo. Aunque pude haberme recreado más en descripciones y poesía narrativa, más o menos fue un relato bueno. Podéis juzgarlo vosotros mismos, en todo caso.

La otra mitad del espectáculo, en la que utilizaba cartas del tarot, me reveló mucha información, fallos, problemas, pero también muchas nuevas posibilidades.

En resumen, tengo que creer más en mi criterio, mi intuición y guiar el espectáculo con más autoridad. Dudaba bastante y aunque era fluido me faltó decisión. Al fin y al cabo la gente venía a verme contar cuentos y a participar un ‘poquito’, no a trabajar conmigo.

Estoy convencido de que este viernes será la bomba. Pienso grabarlo en audio y colgarlo de la red para que podáis escucharlo. Deseadme suerte !

Actuar en vivo?

junio 1, 2005

Ayer tuve mi primer contacto con la creación en vivo. Fue a través de un amigo que acabo de conocer (Albert, Ós Mandrós, cuentacuentos) y que fue muy generoso cediéndome unos minutos de su espectáculo de cuentacuentos.

Fue una experiencia fantástica. Además era necesario porque en breve (la semana que viene) lo haré solo y durante una hora. Mi intención era soltarme, examinar mis sensaciones, ver cómo actúo y pienso y siento en frente de desconocidos. Creo que superé mis temores. No salió redondo, claro que no, pero algo hubo.

Pensaba que es como la primera vez que uno conoce el sexo. No es la experiencia más maravillosa del mundo. Pero puede ser tierna, o cuando menos curiosa. Yo aprendí mucho y creo que al final el público se llevó algo.

Tuvo 3 fases: en la primera pedí una palabra a cada persona y se formó una cadena interesantísima, muy sugerente por varios lados. Sin embargo no supe muy bien qué hacer con ella. Cierto es que al estar en medio del espectáculo de mi amigo a penas contaba con unos minutos y para ser mi primera vez quedó en poco. Dije lo que me sugerían las palabras, las imágenes a las que me llevaban, pero no supe qué hacer con la pelota. Así que humildemente di el ejercicio por terminado. Sin embargo la segunda fase consistió en que, mientras mi colega acababa su espectáculo, escribí rápidamente una historia con esas palabras y al final pude leerla. Es la que he publicado aquí y se llama ‘Un gato con intríngulis’. Es rarita, la verdad.

Ahora, la tercera fase fue la mejor. Fui de mesa en mesa y profundicé en las palabras que individualmente me habían dado, sacamos mucho jugo juntos, o eso creo. La proximidad me dio una dimensión nueva. Tengo claro que no quiero alejarme de la gente, soltar mi rollo y ya está. Me gusta eso de compartir, de tener feed-back, de que intervengan los demás en la historia.

Ha sido una gran aventura. Ya estoy preparándome para la semana que viene. Quizá colabore una vez más con Albert antes del miércoles, pero estoy convencido de que esta vez será mucho mejor. Y el miércoles mejor y el viernes 24 no veas. Esto es un crescendo. Ya os iré contando.