Archive for 10 mayo 2005

Libertad de expresión

mayo 10, 2005

Me he dado cuenta de que aquí puedo explicar lo que me de la gana ! Que bién. Divina libertad. Qué grande es Internet. Desde aquí puedo comunicar lo que quiera, y tengo tantas oportunidades de ser escuchado como cualquier otro. Y puedo conocer a gente que piense como yo, navegar por otras frecuencias. Me parece un medio ideal para experimentar y me lo tengo que tomar en serio. Me gustaría conocer a mucha gente. ¡Hola, estoy aquí !, les diría. En fin, sea lo que dios quiera.

El la sección ‘Algunos conceptos’ hablo de dos modelos de escritores a los que aspiro: el escritor-espejo y el escritor-empático. Trato de ser bueno en los dos, pero un reciente bloqueo creativo (no puedo escribir con fluidez) me ha hecho cuestionarme cosas y preguntarme qué me afecta, qué no hago bien. Mucho de ello tiene que ver con el ego, que se hace presente para robar el protagonismo. Mi ego me dice que se espera algo de mí y que no se cuestione mi talento, pero sobre todo que no me lo cuestione yo mismo. Y yo pregunto, si de pronto dejara de escribir, si abandonara este proyecto porque siento que no tengo talento para llevarlo a cabo, ¿qué pasaría? En primer lugar que lo que yo deseo no tiene nada que ver con el talento. Deseo comunicarme con los demás, navegar en sus aguas, invitarles a las mías. No quiero crear un mercadillo de compra y venta, sino relaciones, puentes entre las personas. Luego, ¿qué más da si lo hago con mejor o peor talento? Lo que importa es el deseo, que mueve montañas. El verdadero talento reside en mirar limpiamente las cosas, tal y como se muestran. El talento sin amor es un perro que muerde un palo. En cambio, el amor no necesita tener talento, porque es mucho más que eso.

Yo se lo confieso, yo deseo amar, por encima de todas las cosas. Soy un amador nato. Y sé que es difícil y que incluso puede sonar raro, fetichista en el extremo, pero ¿qué gano ocultándolo? Yo con casi todos los cuentos que he escrito hasta ahora me he mojado. Amaba las palabras que me mandaban. Casi todos los escribí en un foro de internet en el que participaba, o a gente que podía conocer un poco. Era muy fácil tener empatía con ellos, porque además de las palabras tenía mucha información. También me dan mucha información los textos cortos de presentación, o de saludo. Al hacerlo totalmente abierto con esta página, el cambio fue brusco. De pronto estaba ante remitentes que no conocía de nada y empecé a pensar que no podría sentir empatía. Buf ! Empezamos bien ! Así que iba retrasando el momento de escribir… y tenía cuentos colgados. Estaba asustado ! Entonces me he puesto delante del miedo y lo he examinado, y mediante este escrito lo estoy purgando.

Quiero recordarme aquí que el objeto de este trabajo no es complacer a mi ego, que quizá nos sea útil para algo, sino compartir. Quiero compartir mi corazón con el del otro, básicamente. Y escribir es mi forma de danzar. También que no puedo hacerlo bajo presión, y que si escribo, escribo, y si no escribo no escribo. Punto !

Mas de lo mismo

mayo 9, 2005

El mismo lector de más abajo me respondió al mensaje que posteé ayer y me hizo ver con una inmensa amabilidad que mi respuesta había sido defensiva. En el fondo estuve expresando un miedo egoico a no gustar, sobre todo ahora que me expongo abiertamente. Mi intelecto se las sabe todas para justificarse. Solo que en este caso no era necesario y he quedado en evidencia. Este lector, espero que amigo, me ha hablado con toda educación y he podido responderle. No dispongo de medios técnicos para que todo el mundo pueda dialogar aquí, expresar sus opiniones, etc… Me gustaría, pronto si es posible.

Con su permiso, quiero rescatar algunas de las perlas que me ha soltado y que me invitan a reflexionar sobre lo que hago:

> Si se trata de que estos cuentos que escribes para la
> gente son un espejo, si son magia, deja que fluyan…
> Incluso deja que fluyan las opiniones de la gente, no
> te sientas atacado.

> No digo que tu cuento sea malo. Que no me haya
> “llegado” tampoco debe significar que sea malo, aunque
> “llegar” sea tu planteamiento inicial.
>
> Como experimento, y aproximaciOn, tu propuesta de
> REGALAR un cuento a quien lo desee, me parece genial.
> Es precisamente esa invitaciOn lo que mAs me gusta.

Debo leer tus otros cuentos para dar una opiniOn. No
> digo que seas malo ni pongo en duda el talento que
> dices que tienes. SOlo es que me incomoda cuando en
> los relatos (de cualquier persona) se perciba una
> intenciOn, una idea, desde una supuesta sabidurIa…
> Detectar la idea de ternura, la idea de mal, etc, me
> incomoda.
>
> En todo caso tu propuesta original me sugiriO algo
> irracional, arriesgado y completamente loco, que ha
> perdido cierto sentido y fuerza con una explicaciOn
> mas racional y menos mAgica.

Opinión de un lector

mayo 6, 2005

Un lector me ha enviado unos comentarios muy interesantes y me ha dado pie para reflexionar sobre mi trabajo. Aquí copio un fragmento:

Me ha gustado mucho lo que dices acerca de las fábulas y la moralina (que recela de los cuentos con moralina). Me lanzas una cuestión profunda que debo examinar con atención. Tengo mucho cuidado con estas cosas. Mi intención no es repartir dogmas, sino ofrecer reflejos, nada más que eso. Un reflejo es la verdad más limpia que puedes recibir de alguien. Ni una opinión, ni un modo de ver el mundo, ni una lección aprendida y buenísima. Yo he visto muchas veces que esto no funciona. No basta con decir: ‘Motívate’, ‘Sé justo’, ‘Sé feliz’. La mayor parte de la gente no es capaz de leer la simpleza estos mensajes. La mayor parte de la gente reside en una esfera muy incomunicada del resto y con mucho sufrimiento interno. Yo sé de lo que hablo, porque vengo de un pozo muy hondo (emocional, mental, no he tenido una vida terrible externamente).

Y conozco muy bien los bloqueos del pensamiento, que pueden mantenerte años sin dar un paso. Pues bien, yo no pretendo ofrecer una doctrina tipo Bucay, aunque funciona en general. Yo me identifico con tu punto de vista en el sentido de no ser moralista, y tengo que corregirme a veces porque un cuento me respira moral. Trato de saber entonces qué es fruto de mi intuición libre de moral y qué no. No tengo un discurso preparado, ahora bien, yo ELIJO. Las mismas palabras pueden darme una historia alegre o una triste. Yo detecto el nudo que hay entre las palabras y le pregunto al cuento: ¿qué hacemos? Yo opto por la mejor salida. ¿Para qué sirve la mala? ¿Para hacer literatura? ¿Para regodearnos en el malestar?
Yo elijo escribir hacia la luz, no hacia la sombra, aunque sí desde ella. No
me cuesta nada sumergirme en las sombras de los demás, porque son como las mías. Entonces puedo hablarles desde donde siento que están, y me escuchan.
Luego suelo ver que busco indicar una salida y señalo. Pero no digo: ve !
Sólo señalo la puerta con el dedo. No son moralinas porque solo planto mi
punto de vista, transmito mi mensaje. Se acabó. Soy un escritor escueto o
al menos quiero serlo. Si lees lo que puse en la página sobre el escritor-espejo, eso quiero ser aquí. Esa es mi aspiración. Ser un espejo perfecto de los demás. Y mientras no sea perfecto quiero ser un espejo mágico que refleje las cosas de forma bella. Auténtica también, por supuesto, si no no se sostiene. Auténtica quiere decir que el lector sienta que has escuchado sus palabras, que has estado ahí con ellas. Quiere decir que sienta que le llega. Y también es auténtico cuando hay una relación incuestionable entre las palabras y el cuento, que en los cuentos no pasen cosas innecesarias y que los personajes hablen solos, que digan lo que ellos
piensan, aunque yo trataré de que el final sea bueno.
¿Qué quiere decir bueno? Era otra de tus preguntas. Tú crees que lo hago
bonito para …qué? ¿Para qué iba alguien a hacer algo con final bonito? La
mayor parte de los intelectuales como tú y como yo despreciamos los finales bonitos, porque nos parece que amenazan con ser falsos, ingenuos, objetos de deseo de la frustración. Etc… Pero es que, amigo, hace tiempo que dejé de ser intelectual ! Parece que fuera otra época ! Para mí escribir tiene que ser útil, útil para mí, útil para los demás. No he venido aquí a contar mi mundo interior (ya escribí un buen puñado de relatos que espero que un dia me publiquen), sino a conocer el mundo, a reflejarlo, a estar en él.
Presente, presente. No tengo ambiciones literarias, aunque creo que
con mi talento tendré éxito. Pero si no llega el éxito no importa, porque no
lo busco ! Solo vivo con mis deseos inmediatos y con algunos sueños.
Entonces, en este estado de cosas, lo que me parece útil es crear una duda
donde veo una certeza, señalar un agujero por donde escapar en un edificio
en llamas, dar 180 grados de giro a un punto de vista, señalar el dolor y el
medicamento al mismo tiempo, alumbrar lo bello entre lo oscuro. Eso me
parece inteligente y necesario.
Por otro lado, en mi manera de escribir cuentos no hay moralina, sólo un
punto de vista. Y es inevitable, TODO el mundo tiene su único punto de
vista. Yo respeto mi punto de vista, no tengo otro.

Lanzamiento

mayo 6, 2005

Cuando lancé la página supe que me estaba cargando encima una gran presión. Responder con eficacia a las peticiones de los desconocidos, sin importar cuáles ni cómo sean, es un reto.

Lo primero que he experimentado es un molesto bloqueo. Me ha costado escribir las últimas historias y a algunos de vosotros os he hecho esperar demasiado. No ha sido espontáneo.

A ratos me he preguntado si había perdido mi rabia creativa. ¿Rabia? Era acaso una rabieta? Con calma me he respondido que eso no tiene sentido, pues no he atravesado ningún fervor en particular. Simplemente he afinado la mirada. Lo cual me lleva a la segunda posible causa de mi dificultad creativa: la mirada no está limpia.

Me he visto tratando de escribir con la cabeza, no con el corazón como había aprendido. Y eso no es posible cuando manejas palabras ajenas. Primero porque para escribir algo para uno tiene que ser con las propias palabras; segundo porque si quiero devolver algo con sentido debo entrar en el alma de esos regalos.

Quizá esté cansado, quizá sólo sea una advertencia al comienzo, quizá sirva para pararle los pies a mi ego. Sea como sea, decidí escribirme un autocuento:
El hombre que ya no podía escribir
Un escritor que no escribe no es nada. Y a los escritores no les gusta la nada, porque en ella no hay palabras. Bueno, solo hay una pero ni siquiera se pronuncia. Este escritor, que pensaba que la página en blanco no existía, se encontró de pronto con un paquete de cien folios sin abrir.

Sin palabras, ¿qué va a ser de mí?”, se decía compungido. Ya ni siquiera podría cambiar palabras por alimentos.
“Ya no me salen las rimas, ya no siento la magia de las palabras, ya no me siguen las musas, ya no tengo limpia la mirada”, cantaba noche y día el escritor destronado.

Las pocas palabras que le quedaban fueron marchándose una tras otra, agobiadas por el estado de ánimo del creador.
El escritor cayó en una profunda depresión y eso aceleró el proceso. Poco a poco el abecedario se hizo analfabeto.

Un día que el escritor deprimido estaba asomado a la ventana, un pensamiento oscuro emergió. “Ya sólo me queda una palabra: Escritor. Si la dejo caer será como suicidarme, de manera que da igual si me tiro yo o la tiro a ella”.

Y riendo a carcajadas la arrojó por la ventana.